El vuelo [Albert & Yo]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El vuelo [Albert & Yo]

Mensaje por Three Swords el Lun 4 Ene - 22:36




El vuelo

La tarde se está extingiendo cuando, tomando impulso, consigo trepar el último trecho hasta la cima de la cascada.

Él todavía no llega, así que me dispongo a esperarlo mientras mis ojos contemplan la belleza del paisaje teñido con los colores del verano.

Ya extrañaba este lugar.

Cinco años, pienso de pronto, saboreando con nostalgia memorias preciadas de mi pequeña historia.

Es gracioso: vine aquí como una mercenaria y acabé por transformarme en un ángel. Alguien allá arriba debe de estarse riendo de eso justo ahora, igual que yo.

Tantas aventuras, tantos recuerdos. La lista de personas que reconozco y a quienes me emociona saludar se hace más extensa; tanto, que creo que es la primera vez que no alcancé a visitar a todos. Me da un poco de tristeza, pero a veces el tiempo conspira contra mí.

Siento el frescor del rocío llegar hasta mí, mientras el suave murmullo de la caída del agua me envuelve. Cierro los ojos y desde el fondo de mi corazón envío bendiciones para todos, acompañadas de mi más sincera gratitud.

Cinco años desde que llegué aquí, a este mundo de sueños que cautiva el corazón.

Sonrío para mí misma, al comprender lo curso que me estoy poniendo.

Seguro ha de ser efecto colateral de ese fic de Angie, o quizás es simplemente el factor Candy jeje: el espíritu de la Pecas que se apodera de mí en venganza por lo de aquel fic de George y sus enigmas.

-Pensé que te habías ido -el sonido de aquella dulce y profunda voz se une al murmullo del agua, haciendo más amplia mi sonrisa.

Estoy un poco cansada, pero la paz es tanta que no deseo romper el silencio para responder.

De pronto, por el rabillo del ojo, lo descubro sentado a mi lado, mirando en la misma dirección que yo, con esa peculiar expresión que siempre reserva para mí cuando...

Oh, oh...

Ok. Fin del momento de paz. Aquí empieza la lista: SU lista. Imagino que este año he torcido las tuercas hasta lo imposible y tendrá mucho qué decir.

-No fue tan malo ¿o sí? -pregunto, sin poder evitar que un interesante presentimiento me haga sentir escalofríos.

Él permanece en silencio, como meditando la respuesta y luego, inclinando un poco la cabeza hacia un lado se me queda mirando, con esa manera tan suya de decir tantas cosas sin hablar.

-De acuerdo, de acuerdo pero... ¡En serio que no fue tan malo! -exclamo, un poco desesperada.

Es entonces cuando él estalla en carcajadas. Ríe mucho y muy alto, por mucho mucho tiempo. Luego, cuando por fin consigue calmarse, pregunta, sin poder disimular la chispa divertida en su mirada:

-¿Te digo o no te digo?

-¡Oh, cállate! -le respondo, ligeramente exasperada. Enfrentarme a él no es mi fuerte, en especial cuando estoy cansada y de un humor cursi.

-¿Te das cuenta de algo? -pregunta entonces, mirándome con seriedad.

-¿Qué? -pregunto, sin saber muy bien a qué se está refiriendo.

-Se te olvidó la espada -dice, desenvainándola desde su espalda y mostrándomela para que la tome. Comprendo que la he dejado junto al estanque al comenzar a subir y de pronto me siento un poco fuera de órbita: algo así nunca me ha pasado antes.

-Sí, es cierto -replico, sin hacer ademán de tomarla. De pronto, comprendo que el asunto merece una reflexión más profunda. Esa espada es mi tesoro más preciado y sin ella no me siento completa ¿Cómo es que la he dejado en la orilla del estanque?

-Te estás ablandando -me dice, haciendo una mueca de circunstancias. Esa expresión en su cara me hace desear borrarla con un buen izquierdazo. Sin embargo, como he dicho: estoy cansada. Él debe haberlo notado también no no habría colocado él mismo la espada en la funda. Sorprendida, me doy cuenta de que no sé ni cuándo la he desatado de mi espalda para colocarla a mi lado, sobre la roca.

-Puede -respondo, considerando el punto y sintiéndome cada vez más extraña.

-Me llamaste Sir Albert -dice de prondo, haciendo la mueca perfecta para indicar que está asombrado y que el asunto lo intriga sobremanera.

-Bueno, tú y yo sabemos que no soy la única que te llama así.

-Me dejaste sin memoria y sin...

-Ok, pero... te convertiste en un médico feliz -replico, encogiéndome de hombros sin dejarme intimidar. Una cosa o la otra, que no es oferta caramba.

-¿Y te parece NADA llamarme Sir Alcachofa? -protesta y comprendo que esta vez, me pasé un poco; pero... la alcachofa sí es distinguida, si no no costaría tanto. Abro la boca y tomo aire para replicar, pero él me interrumpe-. Jajaja ¡Ni se te ocurra comenzar a recitar las bondades de la alcachofa!

-Bueno -concedo, sintiéndome un poco incómoda al verlo reír de nuevo-. ¿Te parece que la próxima vez te llame sir Berenjena?

-A veces, no sé para qué me tomo la molestia... -se queja él, mirándome con resentimiento. Su espontánea risa aplacada por el momento. Ahora está concentrado en la vegetación que nos rodea, mirando más allá, hacia abajo, hacia el paisaje que se aprecia desde la cima.

Me doy cuenta de que también son ya cinco nuestros encuentros aquí.

-Oh, es que te gusta demasiado entrometerte -replico, comprendiendo que así es ¿Cómo no me había percatado antes de eso? El afán megalómano siempre aparece en él. Sin poder evitarlo le dirijo una mirada resentida.

-Sabes -digo ahora, reflexionando un poco en lo que ha sucedido y, en un movimiento lento, tomo la funda y hago salir de ella mi espada, colocándola frente a mí para contemplarla-. Siento como si ya no dependiera tanto de ella...

-Es probable -dice, dándome la razón. Eso es tan sospechoso que mi mirada retorcida se posa en él, acusadora y analítica al mismo tiempo.

-¡Ajá! -exclamo, sintiendo que el enfado regresa y la poca paz que todavía conservo en mi espíritu emprende el vuelo para perseguir a un águila que en esos momentos surca el cielo y se aleja volando más y más alto ¡Oh! ¡Rayos! ¡Este tipo es odioso!

-Tú lo dijiste, no yo -afirma, componiendo una expresión que, de tan inocente, resulta por completo falsa.

-¡Pero tú no lo crees! -exclamo, protestando. De pronto, lo descubro observándome con esa expresión que reserva para mi cuando intenta ver muy muy dentro.

-La espada es parte de ti. Aunque lo niegues -afirma sin ápice de duda-. Aunque tú misma todavía no acabes por creértelo y aunque parezca que te has olvidado de ella... la espada está en tu corazón.

-¿Y desde cuándo te has vuelto tan introspectivo? -pregunto, rehusándome a ceder.

-¿Desde que comenzaste con aquella locura? -pregunta él a su vez-. No sé porqué te extraña que...

-No me extraña en absoluto -lo interrumpo, con gravedad-. Lo único que no consigo comprender es ¿porqué ahora? ¿porqué insistes en...?

-¿Cuándo entenderás que yo no... ?

Pregunta e interrupción quedan en el aire cuando el poderoso aleteo del águila se escucha por encima de nosotros. Ambos contemplamos maravillados al ave, que en ese momento se abalanza en picada sobre una presa. La imagen es increíble, y la captura ocurre a media altura entre la cima de la cascada y el estanque.

-Y ahí va de nuevo -replica él, en tono medio apesadumbrado; sin embargo, no lo escucho en realidad, porque todos mis sentidos se han quedado en aquella escena.

Creo, que comienzo a entender.

*~.FIN.~*
A.D. 2013


_________________
El Viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene, ni a dónde va. ( Jn 3, 8 )

Three Swords
Admin

Mensajes : 309
Fecha de inscripción : 01/05/2014

http://3-swords.blogspot.mx

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.